ZORZAL, HORNERO, HERMANO DE CANTO ANDINO
Con hondo sentimiento rindo homenaje a mi hermano y
coterráneo Víctor Raúl Plasencia Castillo, zorzal y hornero de canto andino y ancestro
contumacino, de interminables caminos y esperanzas, quien partió a la inmortalidad
a seguir labrando nidos de ternura, aguardando nuevos trinos, nuevos vientos,
nuevos tiempos y; junto a él, lamentables pérdidas de entrañables amigos,
vecinos y conocidos comprometidos con la cultura, con quienes compartimos parte
de nuestra vida o admiramos su trayectoria profesional, entusiasmo personal y
perdurable amistad: Prof. Ampelio Sagàstegui Calero, Dr. Alberto Robles
Guibovich y hermana Teresa, Prof. Marco Merry Salazar Jácome y esposa, artista
gráfico Wilmer Reyes Castillo, Prof. Ricardo Jovito López, Prof. Antipas
Colonia Carlos, y con ellos, a todas las víctimas del Covid-19 u otras
enfermedades que en Perú y el mundo sigue arrasando valiosas vidas.
A los deudos y a quienes continúan padeciendo este
terrible mal ─del cual soy convaleciente─ mi sincera solidaridad y fortaleza
fraterna, esperando revertir pronto tan cruel pandemia y larga desilusión.
Víctor Raúl Plasencia Castillo
Maestro de educación
primaria formado en Escuela Normal de Varones de Cajamarca y posterior Bachillerato
en Universidad Nacional del Santa, luego de recorrer distancias sembrando
semillas del saber y silbando trinos de esperanzas en el norte de la patria y
otras regiones, llegó a Chimbote a extender sus enseñanzas con esmerada
devoción y entusiasmo al fragor de la ternura pedagógica, identidad andina,
compromiso y eterna nostalgia por el suelo que lo vio nacer: aquel paraje del
distrito Santa Cruz de Toledo, provincia Contumazá, (Cajamarca) “Cuna de intelectuales”: Mario Florián, Andrés Zevallos
De la Puente, Marco Antonio Corcuera, Oscar Corcuera y muchos más, un 17 de
febrero de 1943, hijo de doña Ofelia Castillo y don Basilio Plascencia. En
dichos lugares estudió primaria y secundaria: hombre honesto, maestro ejemplar,
creador innato y amigo íntegro, sin presentimiento alguno, víctima de esta
fatal pandemia del Covid-19 partió como todos sin despedirse y en pleno mes de
las letras el último 12 de abril, en vuelo sin retorno hacia el sol, dejando desolación
y tristeza en su familia, quienes lo conocimos e instituciones educativas y culturales
a las que aportó conocimientos y creatividad literaria. Humano, inquieto, campechano,
fraterno, soñador de transformaciones sociales y amaneceres de un nuevo Perú, equitativo,
justo, libre.
Desempeñó
labor docente en Escuelas Normales de San Ignacio y “Víctor Andrés Belaúnde” Jaén
- Cajamarca; “Nuestra Señora de la Asunción” (Otuzco) y funciones administrativas
en Octava Dirección Regional de Educación de Trujillo – La Libertad; y desde
1973 en la Zona de Educación Nº 85 de Chimbote ─ Ancash, hoy Unidad de Gestión
Educativa Local (Ugel). Aquí sentó su domicilio familiar por largos años junto
a su señora esposa Delmira Carranza Narro, destacada maestra de Lengua y
Literatura del Colegio República Federal Yugoslavia, e hijos Juan José y Omar
Raúl, en Urbanización Los Héroes - Nuevo Chimbote. Jubilados luego del 2000, decidieron
radicar en Trujillo; él siguió ejerciendo tarea pedagógica en Colegio
Particular “José Sabogal”, Instituto Superior Pedagógico Privado “San Jerónimo”
– Nuevo Chimbote, colegio “Mariscal Orbegoso” de Santa y finalmente capacitador
de Educación Primaria del Programa de Capacitación Docente (Plancad) en
Universidad San Pedro; hechos que lo mantuvieron siempre cerca de Chimbote,
retornando permanentemente al feliz reencuentro de viejas amistades y tertulias
latentes.
Víctor Raúl
Plasencia Castillo, intelectual silencioso y fecundo, plasmó ideas y creaciones
literarias, artículos pedagógicos y de opinión en revistas y periódicos, siendo
incorporado en estudios y antologías literarias por donde tocó trajinar sus
inquietudes y otras ciudades del país: Jaén, Otuzco; en Chimbote: “Alborada”,
“Alboradita” y “Marea”; diarios “El Faro” y “Últimas noticias”; “Runakay” de
Guadalupe, “La tortuga ecuestre” y “La manzana mordida” (Lima).
Integró el añejo
Grupo Literario “Isla Blanca” de Chimbote, creado por Oscar Colchado Lucio, desde
1977, junto a una segunda generación de destacados escritores como Jaime Guzmán
Aranda, Marco Cueva Benavides, Pedro Rodríguez Ortiz, Félix Ruiz Suárez, Leonidas
Delgado León, Carmen Mimbela Otiniano, Brander Alayo Alcántara, Gonzalo
Pantigoso Layza, Enrique Tamay.
Víctor Raúl Plasencia y Gonzalo Pantigoso
En 1984, fue
seleccionado en el III Festival del Cuento Infantil de la Provincia del Santa,
con el relato “La clase del recuerdo”, evento organizado por el Programa de
Desarrollo Socio Económico de Ancash (Prodesea) y Concejo Provincial del Santa,
con auspicio del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia – UNICEF, y
publicado en el I-II-III Festival del Cuento Infantil de la Provincia del Santa, en 1985; única “Antología enriquecida por el ingenio y creatividad puesto de
manifiesto por los adultos que escribieron para niños. Sólo en la tercera
convocatoria a concurso, en 1984, se dio esta oportunidad. Quienes lo hicieron
son conscientes de la importancia que tiene el arte de la Literatura Infantil
para el desarrollo integral del niño”.
De su paso
por el grupo “Isla Blanca”, nos ha legado: “Viajera
del tiempo”, colección “Vientos de la Isla”, breve plaquet de un solo poema
publicada la década ’80 del siglo pasado por cada integrante del indicado grupo
e invitados. También aparecen trabajos suyos en Alboradita. Revista de Literatura Infantil del Grupo Isla Blanca,
números 2 y 3, donde divulga el poema “Navidad andina” y el cuento
“Lamarimonda”, cuya tercera publicación realizó con Brander Alayo. Las pequeñas
revistas formato cuarto de oficio fueron dedicadas y presentadas en IV y XXI
Encuentros de Literatura Infantil y Juvenil, en Ica y Trujillo, los años 1985 y
2002, respectivamente; eventos organizados e impulsados anualmente por
Asociación Peruana de Literatura Infantil y Juvenil (APLIJ).
El nombre del
poeta y narrador Víctor Raúl Plasencia Castillo, fue ratificado y considerado en
la primera Antología poética de Isla Blanca, perdurando sus versos “Primero de mayo y nada más” y “Estos mis
febreros”, selección del crítico literario y creador Gonzalo Pantigoso Layza,
en 1988. Asimismo, aparece sucesivamente en Alborada. Revista de creación y análisis, entre los llamados “chalaneros”
del grupo Isla Blanca de Chimbote, las décadas ’80, ’90 y mediados del 2000 o inicios
del siglo XXI, al jubilarse de maestro, con íntegra identidad por el grupo como
integrante, autor de poemas o cuentos y hasta responsable de algunas ediciones;
es decir, un activo socio de la embarcación porteña; participando además en
diferentes encuentros literarios regionales o nacionales y diversos eventos y actividades
programadas y difundidas por el reconocido colectivo cultural. Un breve
recuento nos acerca por ejemplo a sus aportes poéticos en: Alborada números: 17 - 1984; 22 – 1999, edición dedicada a la
literatura lúdica; 27 – 2003, Literatura de la etnia negra, con: “De colores y
discursos” y “Azul negro / negro azul”; “Agüita cantarina” y “Estoy consciente”:
Agüita cantarina
del amanecer
cántame ese canto
no me hagas padecer”(…).
Igualmente,
participó en la revista de poesía Marea
del indicado grupo Isla Blanca: Nºs. 7 - 1997; 9 - 1998 y 17 - 2004,
difundiendo: “Para el registro de la historia”, “Toledanita dulce” y “A veces
me ocurre”.
¡Dónde estarás
toledanita dulce
dónde tu sonrisa
de manantial
de luna!
Dónde tu corazón
de urpicha
dónde tus labios
de “cosheque”
y “chimulalas”(…)

Víctor Raúl Plasencia, en celebración literaria
porteñaAchallau
florcillas (que bellas florcitas), es el título de su primer poemario editado en
1993, en treinta y dos páginas, donde como en toda su obra hace uso de recursos
naturales de su lar idílico: flores, pajarillos, viento, lluvia, luceros,
caminos, esperanza. El maestro y escritor coterráneo nuestro Iván Vásquez
Salazar, en prólogo, reafirma: “hermoso
ramillete poético, bajo el epígrafe de ‘Achallau florcitas’, dos voces: una
quechua y otra hispana que nos expresan el fondo mestizo del autor(…). Lo más
agradable y original del poeta que me ocupa es el ‘tacto literario’, con que
canta a la flora serrana y específicamente al hermoso cromatismo de las flores
que crecen espontáneamente en nuestra región andina”(…). La ilustración de
tapa corresponde al artista plástico y poeta Pedro Rodríguez Ortiz, igual
militante del grupo “Isla Blanca” y retrato de perfil del autor en contratapa
al maestro y artista chiclayano Alfonso Tello Marchena. El libro está compuesto
de catorce poemas de versos breves, encendidos y sugerentes: “Siempreviva”, “Chimbila
flor”, “Marame tunalicha”, “Geranio príncipe”, “Amapolita del ande”, “Karakucho”,
“Pasionaria”; “Panisara”, “Campanita flor”, “Margarita silvestre”, “Rosa”, “Violeta”,
“Clavel” y “Retama flor”:
Luego
publicó el cuento Los sueños del zorro Ventolín y la gaviota Golondrona, (Chimbote,
1999), en ocho páginas, bajo su pretendido sello Ediciones “Chimulala”, cuyas
atractivas ilustraciones de tapa e interiores solicitamos al biólogo amigo Juan
Fernando Merino Moya, docente en Universidad Nacional del Santa, entonces jefe
de Extensión Universitaria y Proyección Social, oficina donde laboré largos
años promoviendo nuestra cultura, hoy es Vicerrector de Investigación. “Canta
palomita” y “Los sueños del zorro Ventolín y la gaviota Golondrona”, habían merecido primer y segundo
puestos del III Concurso de Literatura Infantil y Juvenil, del Ministerio de
Educación, con la finalidad de recoger materiales literarios de docentes de
cada región para alumnos de quinto y sexto años de primaria, en 1998; resultando
Víctor Raúl Plasencia Castillo, ganador por Ancash.
Después, asomó Canta
palomita, (Trujillo, 2000), en veintiocho páginas, con inspirados y
motivadores poemas: “Agüita cantarina”, “Siempreviva”, “Karakucho”, “El hornero”,
“La ronda y los luceros”, “Navidad andina”, “La sonrisa de la lluvia”, “Campanita
flor”, “Rojo botón de vida” y “Margarita silvestre”. El notable calificador Gonzalo Pantigoso, en presentación, alude: “Aportar al conjunto de obras de literatura
infantil es importante desde varias perspectivas, entre ellas, porque es poco
lo que aún se ha escrito en este campo y es necesario que nuestros niños
cuenten con abundante material bibliográfico para ir formando en ellos el
hábito de lectura y una sensibilidad estética y social(…) Víctor Raúl
Plasencia, como Profesor de Educación Primaria, no es ajeno a dicho
conocimiento y, como tal, hace uso de su capacidad creativa para brindarnos en
esta oportunidad, este breve conjunto de poemas de temática variada, pero que
ratifica, una vez más, su predisposición al manejo de elementos de la naturaleza,
el ritmo musical y el sentimiento profundo, conjugados con un buen lenguaje
poético”(…). Nuevamente, la afición pictórica de Juan Merino Moya, ilustró atractivamente
la parte externa e interna del ágil libro.

II
Las obras de
Víctor Raúl Plasencia Castillo, aunque breves, están hechas con mucho amor y sensibilidad
especialmente para niños y maestros de escuela por su belleza cantarina y néctar
sublime de profunda y sincera emoción vivencial; imaginados entonarlas acompañadas
de ritmos musicales cajamarquinos, ancashinos, ayacuchanos, selváticos o
costeños, sentados con nuestros alumnos a la vera del camino del campo, mirando
el paisaje y horizonte floridos desde aquella fila o loma del patio de recreo cubierto
de pasto verde de esas escuelitas aferradas al Ande, las mismas de su esencia y
procedencia.
Saniel Lozano
Alvarado, acreditado estudioso y crítico, en su libro El rostro de la brisa. Chimbote
en su literatura, (Trujillo, 1992), dice sobre el poeta: “cultiva el relato y la poesía. En esta
última forma sus composiciones tienen ese particular encanto que produce la
contemplación de la naturaleza viva, como cuando se refiere a la estampa marina
de las tardes mortecinas(…). Además, con profunda convicción y sensibilidad,
buena parte de su producción está destinada a la literatura infantil, a cuyo
desarrollo contribuye con positivos logros”.
El Grupo de
Literatura y Arte “Isla Blanca” y sus integrantes han merecido muchos
reconocimientos por diferentes instituciones locales y regionales. Alumnos de
Lengua y Literatura (VIII Ciclo) de Universidad Nacional del Santa, rindieron
homenaje al celebrar 25 años de fundación y fructífera labor cultural a favor
de nuestra cultura, el 12 de setiembre del 2002, otorgando placa recordatoria y
pergamino a su fundador Óscar Colchado Lucio, más diplomas de honor a todos sus “chalaneros” de
la pluma, entre ellos: Víctor Raúl Plasencia Castillo, Víctor Hugo Romero
Manrique, Pedro Rodríguez Ortiz, Marco Cueva Benavides, Brander Alayo
Alcántara, Leonidas Delgado León, Félix Ruiz Suárez, Medalit Escalante
Tarazona, Jaime Guzmán Aranda, Gloria Díaz Azalde, Gonzalo Pantigoso Layza,
Enrique Tamay Marín, Sixtilio Rojas Gamboa, Augusto Rubio Acosta, Francisco
Vásquez Carrillo y Teófilo Villacorta Cahuide.
Semblanzas
porteñas. Homenaje al centenario de Chimbote, (2007), su autor Julio Orbegoso
Ríos, menciona: “Un hombre tranquilo y
amigable, grande por su humildad y conocimientos, es el profesor Víctor Raúl
Plasencia Castillo, natural de Santa Cruz de Toledo, Contumazá (Cajamarca), la
tierra tibia y hermosa sembrada de flores y ensueños que siempre acoge al foráneo
con el corazón y el alma rebosante de alegría y amistad. De este bello y
turístico lugar, un día llegó a estas playas inquietas como las olas del mar,
nuestro querido amigo Víctor Raúl, trayendo en la mochila del conocimiento, un
ramo de letras, poemas y cantares para obsequiarle con amor a esta tierra
generosa que nos prodiga la vida. Su poesía es un canto nativo que rememora
nuestro entorno serrano, como las floridas retamas, la dulzura del capulí, los
frutos de las tunas y la miel que destilan los labios de la mujer de los
Andes”.

Víctor Hugo Alvitez, Víctor Raúl Plasencia, Leonidas
Delgado (cajamarquinos) y Roberto Díaz (arequipeño), residentes en Chimbote,
rumbo al XXI Encuentro APLIJ – Trujillo.
Con Víctor Raúl
Plasencia (Contumazá), Leónidas Delgado León (Jesús – Cajamarca) y quien
escribe estas líneas, intentamos reunir a nuestros escritores coterráneos
cajamarquinos residentes en Chimbote y otros identificados plenamente, con la
finalidad de editar la antología CAJAMARQUINOS
EN EL PUERTO, en homenaje y gratitud a la ciudad que nos acogió y acoge con
tanto amor y cariño, habiendo compendiado a: Arsenio Vásquez Romero (Jesús),
Iván Alcides Vásquez Salazar (Valle de Condebamba - Cajabamba), César Napoleón Quiroz Miranda (Cajamarca), Hugo Vargas Tello (Cajamarca), Oscar Zevallos Marín
(Bolívar – La Libertad) representado a Celendín, Ernesto Antonio Cedrón León (Contumazá)
y el suscrito por San Miguel. Empeño que no pudo concretarse oportunamente y
como tal, sueño pendiente y especial en reconocimiento a nuestros elogiados
autores que de algunos de ellos sus melodías se esparcen desde la eternidad.
Similar
compromiso tendrá que asumir alguna institución por Víctor Raúl Plasencia
Castillo, su familia, fondo editorial, el grupo literario de sus emociones
“Isla Blanca”, o “Alfarero” última institución literaria que cobijó sus sueños
en Trujillo, con la finalidad de reunir toda su obra dispersa y editar un tomo
que reivindique sus inquietudes pedagógicas, literarias y merezca ser recordado
y reconocido como el maestro, escritor, “Chalanero”, “alfarero”, hermano o
amigo de profundos sentimientos e ideales humanistas y sinceros.

Hoy, apenas a
un mes de su vuelo, calma y dolencia de brisa marina, llega cansino desde lejos
como el viento a mi memoria su presencia afable, tenue sonrisa y generosa
amistad, ataviado de cartapacio lleno de libros, CDs o manuscritos en
corrección; cubriendo su pronunciada calvicie una gorra al puro estilo Pablo
Neruda; de trajes grises, cremas o verde, zapatos de suela marrón y andar calmo;
observando siempre árboles, bordes de caminos, ríos, acequias cantarinas,
flores y pajarillos silvestres que inspiraron su obra y acompañaron de por
vida. Pensativo, a veces distraído cual niño escuelero pero amable, respetuoso
y jovial con todos. Cuantas conversaciones, tertulias y caminos recorrimos alegres
tras eventos literarios en Ancash, Trujillo o San Miguel de Cajamarca, tantas
veces fue posible. Es que Santa Cruz de Toledo y San Miguel de Pallaques –contabas-
tienen mucho en común, como su protectora Santísima Virgen del Arco, de mi
pueblo en bulto y la tuya en gran mural sobre pared enlucida de adobe, decían
los campesinos que ellas eran amigas y se visitaban ocasionalmente porque en el
camino de herradura han hallado retazos de blondas de sus enaguas de las santas
andariegas arrancadas por los riscos. Nos echamos a reír sin parar,
desafiándonos ir al cercano bar “El Dietético” del vecino Bellamar y la
universidad en Nuevo Chimbote, donde tú pediste una botella de novedoso licor
de maca y yo respondí con otra ─efecto que hasta hoy perdura─ haciéndonos
cantar abrazados rodeados de Tamay, Shorton y Amarildo, a viva voz nuestras cashuas,
carnavales y valses cajachos: Cajamarquina de ojos azules
por tu amor estoy llorando
no me niegues tu boquita
por la que ando suspirando…
***
Dicen que a
todas las suegras,
las van a
votar al mar,
mi suegra ni
tan cojuda,
ya está aprendiendo
a nadar.
***
La jarra le dice al urpo
y el cántaro a la botija,
tú la tumbas a la vieja
y yo me tumbo a la hija.
Matarina, matarina,
matarina de algodón…
***
Mi linda sanmiguelina
tiene talle de palmera,
sus ojos son dos luceros
que alumbran el amanecer…
Aunque por
esta última canción surgió una breve discusión al defender que no era “Mi linda
sanmiguelina” sino “Mi linda contumacina”, llegando a buen final al reconocer
que la bella y original composición correspondía a “Mi linda cutervina”; tonada
que todas las provincias cajamarquinas han hecho suya. Nos volvimos abrazar y
descorchamos la segunda maca creyendo que era nuestra espumante chicha o
aguardiente contumacino o sanmiguelino, sirviéndonos a vaso lleno.
Hermano,
Víctor Raúl Plasencia Castillo, sin ser de sangre fuimos de ancestral terruño; maestro
adepto a José Carlos Mariátegui, César Vallejo, José María Arguedas y
renombrados escritores peruanos, hispanoamericanos y universales. Siempre venía
a tu memoria José Martí y la “Pedagogía de la ternura” donde encontraste tus
éxitos, y es que ella despertaba la simpatía del lector como ingrediente al
proceso educativo desde una pedagogía renovada, vivencial y consejos útiles a
maestros y educandos. Preocupado andabas tarareando antiguas canciones
infantiles y escolares que reunían muchos valores morales para editar nuevos
cancioneros para volver a cantar en las escuelas, las adivinanzas y rescatar
las lenguas que van desapareciendo como nuestro culle, muchik y otros. Cansado
de tanta injusticia, desigualdad y corrupción, era hora de organizar el nuevo
Partido de los Trabajadores.
Hermano soñador
empedernido, hoy que vuelvo a echarte de menos, pernoctas el largo trajín
rodeado de palomas cantarinas, indio pishgos, karakuchos y luceros; aromando,
alumbrando, soñando y vigilando tu amor por la vida, la educación, la niñez, tu
lar y pasión, plenos de paz, recuerdos y eternidad. Hermano, solo hace falta un
pocillo, mitad de cáscara de chibche o mate tiznado para empozar nuestras lágrimas,
hechas cataratas. Por ello escribiste:
PARA EL REGISTRO DE LA HISTORIA
(…)
Fui un niño ¡Qué ideoso!
llevar nidos y flores silvestres a casa.
Ser niño y no entender la muerte
fabularle explicaciones y punto.
Soy, aquí… quiero a esta tierra
Soy hombre viejo
a veces niño
no pedí el turno
no es culpa mía
A estas alturas
los poetas dicen
“Que soy una piedra enamoradiza”
“Un fantasma enfermo y cano”
“Voy por las calles con pésimo olor a barro”
“Que viste anticuadamente horrible”
“Que soy jugador o un destartalado carro”
Tal vez olviden
soy joven herrero
suerte que tengo
y me da pena
estoy enfermo
Suerte que tengo
una canción, un cementerio
enorme cruz
varios poemas
de yapa de cerro.
(*) Gestor cultural, director: Centro de
Documentación “Pisadiablo” – Sección Ancash.
Chimbote – Perú, 12 de mayo, MMXXI.
pisadiablo100@hotmail.com
(**) Leído en Zoom: “Homenaje a Víctor Raúl
Plasencia. In memoriam. Grupo Literario Isla Blanca”. Chimbote, 11 de mayo
2021. Por Víctor Hugo Alvitez Moncada.